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9 de mayo de 2008

Reforma política y silla vacía

Columna del senador Juan Fernando Cristo Bustos

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5,4 kbBogotá D.C., 9 de mayo de 2008. Por cuenta de la extensión del escándalo de la parapolítica y las investigaciones  de la Corte Suprema de Justicia que ya involucran a más de 60 parlamentarios, la Reforma Política que se tramita  en el Congreso desde el semestre anterior cada vez pierde más el carácter  de un cambio estructural e integral a nuestro sistema político y se convierte en una  solución coyuntural  y puntual al propio escándalo.  Y es totalmente  comprensible esta situación,  en la medida  en que los colombianos reclaman con razón sanciones  ejemplarizantes  tanto a los individuos como a los partidos  políticos  involucrados  en las investigaciones de la Corte y la Fiscalía. 


 El régimen sancionatorio contemplado  en la reforma  se convirtió en el corazón de la misma y la gente espera que el Congreso y los partidos  sean capaces  de rectificar y asumir  una actitud ética de responder políticamente ante esta catástrofe  democrática del país.  Por ello, se hace indispensable que se aprueben medidas  como la de la "silla vacía"  a partir de la medida de aseguramiento que se expida contra cualquier  congresista, la cancelación  de la personería jurídica a aquellos partidos  que tengan  más de la mitad de los congresistas involucrados con los paramilitares  y la devolución  de los dineros  que haya entregado  el Estado por cuenta  de las curules  manchadas con sangre.


 El Senado de la República, y más específicamente  su Comisión Primera,  debe ser  consciente  de la enorme  responsabilidad  que tiene de aprobar  esta reforma en los términos  en que salió de la Cámara de Representantes, sabiendo que es tan solo la cuota  inicial  de una reforma estructural al sistema político  que deberá ser concertada por todos los partidos a partir del 20 de julio próximo.  Mientras tanto, es necesario enviar  un mensaje claro y contundente  a la opinión pública con estas sanciones  políticas a los hechos que ya sucedieron,  para después adoptar las decisiones  de fondo que garanticen  que no se vuelvan a repetir  en futuras  elecciones.


El gran desafío del Senado es demostrar  que le interesan más los ciudadanos y la depuración política  que las aspiraciones  reeleccionistas  del Presidente Uribe.  El reto es que, con independencia  frente al Gobierno  Nacional que se opone con razones  politiqueras a las sanciones inmediatas a los partidos, el Senado apruebe  una reforma  que demuestre  un arrepentimiento  real frente a los vergonzosos episodios electorales del 2.002,  2.003  y 2.006.
 Si la Comisión Primera le falla al país para cumplirle al Presidente,  se harán incontenibles y contundentes las voces  que ya se escuchan, según las cuales  el actual Congreso de la República no tiene la voluntad política  ni está en condiciones,  no solo de aprobar  la reforma, sino además de funcionar  normal y eficazmente hasta el año 2.010.   Ojala se logre el consenso político entre  los partidos de gobierno y oposición, con el que se comience a recuperar la credibilidad  del poder legislativo  frente a sus ciudadanos,  antes que sea demasiado  tarde.  Pensemos en las instituciones  que perduran  y no en los hombres que estamos de paso.  Es tal vez la última  oportunidad que nos brinde la sociedad  colombiana ante la crisis  política más grave que hemos tenido desde el 9 de abril de 1.948.

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